De carreras y colegios
Toda mi infancia y adolescencia estudié en un colegio donde solo habíamos “niños y jóvenes” hombres, es decir, no era “mixto”, y eso además de la constante necesidad de “niñas” – que era parcialmente solucionada por tener un colegio “femenino” justo al lado – creaba un ambiente distinto de “competencia”, del estilo de “molestar” y del estilo de actuar. Como siempre, existen los populares, los rechas, los buena onda, los cae-mal, pero durante esa época y especialmente al final del camino cuando ya se acerca la graduación, se empieza a hacer un estilo de “apuestas” en el área profesional: fulanito no va a sacar la carrera, menganito fijo se va fuera, aquel fijo empieza a trabajar… y básicamente, se cree tener una idea de quién será “exitoso” y quien no, basándolo especialmente en el éxito que se tenga en el siguiente paso “lógico”: la universidad.
Lo curioso del asunto es que al paso de los años y cuando ya pasó el suficiente tiempo para comprobar que tan ciertos eran los pronósticos, se empieza a ver qué tan equivocados estábamos en muchos casos, y la gran diferencia que existe cuando una persona al terminar la universidad hace lo que realmente quiere hacer.
Se empiezan a escuchar las siempre típicas historias: “¿te acordás de aquel? pues se metió a ingeniería y perdió no se cuántas clases, total que no la ha sacado!”; o “Aquel se metió a una carrera que no le gustaba, pero su papá lo obligó porque fijo, aquél ya tiene bien armada la empresa”; o “Aquel nunca estudió, se metió de una vez a trabajar, y ya está casado y con hijos… le va bien la verdad”; y por último: “vos, ¿te acordáaas de aquel cuate que era bien bruto en el colegio? No mirás que se metió a licenciatura y le fue re bieen! fijo eso es lo que a aquél le gustaba!”; etc, …
Pero es hasta allí cuando uno empieza a pensar, no solo en lo joven e inmaduro que era a los 18 años aunque creyera que fuera el rey del mundo, sino que en las vueltas que da la vida, y en el papel tan importante que tiene el hacer lo que de verdad se quiere, lo que le dicta su corazón, y lo suficientemente capaz para poder escucharlo. Es hasta esos tiempos en los que, con suerte, podés tener al menos un poco más de madurez para saber si el camino de preparación que has recorrido hasta el momento es el correcto, y aún estás en la edad suficiente para corregir el rumbo o hacer pequeños ajustes para guiar TU vida conforme lo que querés y deseas para vos.
Sin embargo, esto no es tarea fácil ni viene así por así ni con la edad, existe un paso inevitable y de extrema importancia para tomar las decisiones correctas, y es que debes de conocerte a ti mismo (por muy cliché que suene), debes escuchar tu corazón y aún más importante, entender lo que te está diciendo, debes dejar por un lado todas las presiones sociales que te rodean al momento de tomar las decisiones, y debes de hacer lo que querés, y NADA MÁS que eso!
Yo lo escribo ahora y se puede leer como si estuviera muy seguro de qué es lo quiero, y de mi persona, pero la realidad no puede estar más alejada… llevo unos meses de confusión y de mucho desorden en mi vida, aunque no puedo negar que en algunos aspectos personales y profesionales algunas cosas han tomado mucho sentido gracias a personas maravillosas que han estado mi lado física o virtualmente, pero en general mi cabeza no deja de ser un caos completo. Y todo lo descrito anteriormente lo he puesto desde una posición de “deseo”, desde una posición de querer luchar por poner orden a ese caos que existe, de apartar todo y de realmente llegar a conocerme a mi mismo, saber qué es exactamente lo que deseo, luchar por ello y HACERLO! Esa para mí, sería la definición perfecta y absoluta del éxito.
Como ya es costumbre, empiezo hablando de manzanas y termino hablando de naranjas, pero es simplemente lo que pasa por mi cabeza, y que necesito plasmar en un “papel” para liberarlo de mi mente. Muchos saludos a todos!





