Archive

Archive for August, 2010

Tarde

August 26th, 2010 2 comments

Esto no me ha sucedido, es solamente una version revisada de algo que escribí una tarde hace muchos años, soñando como sería una historia de dos que no pudo ser.

Jueves de septiembre que ya respira el otoño, pasadas las 9pm el viento ya invita a buscar un sitio donde comer algo sabroso y disfrutar de algunas cañas y charlas entre amigos, una noche normal disfrutando con ella que disfruta igual que yo conocer la ciudad y nuevos lugares. Quedamos con su compañera de piso y unos amigos con la idea de pasar una velada agradable… ¡Qué bien se siente poder caminar por el centro de Madrid con ella tomándome del brazo! Podrá parecer una tontería, pero para mí es una sensación increible sentirla cerca, a ella con quien tanto hemos compartido.

Ella, quien me hizo olvidarla, que había logrado que ya no sintiera ese deseo de verla a Ella, ese sentimiento que había crecido dentro de mí pero que al final era algo imposible; ella, que me había enseñado el verdadero significado de la compañía y el cariño, ¡ella! que había soportado mis quejas y mis desahogos por no haber luchado más, pensando que estaba en mis manos, creyendo que podía esperarla y que podía realmente darle lo que siempre había querido… por eso estoy tan agradecido con ella.

Decidimos ir a un nuevo sitio de comida gallega que nos habían recomendado, pasamos frente al ‘vulcano’ en dirección a la Plaza Santa Ana, donde las tabernas y restaurantes aún se resisten a guardar las terrazas… al final de cuentas, si no es por la Plaza, ¿qué valor añadido pueden dar? Además, hay que aprovechar al violinista de siempre, los niños jugando al fútbol y los turistas bronceados que le dan cierta vida al lugar.

Empezamos a cruzar diagonalmente la plaza, hoy especialmente hay mucha más gente de lo normal, me agarra de la mano para no perderme y empieza a abrirse paso entre la gente para cruzar lo más rápido posible, entre más pronto crucemos, mejor. Entre tanta gente que uno nunca se detiene a mirar, me tropezaba con personas al ritmo de mil “perdón” que nunca había logrado callar, y trataba de mantener el ritmo del grupo que se cruzaba con gente que nunca volveríamos a ver.

Fue allí… en ese preciso momento cuando volteé sin razón alguna, en un segundo que no debía ser, allí fue cuando la ví, me la había topado un millón de veces con rostros distintos que mutaban por culpa de mis propios deseos, deseos de poder encontrarla algún día desde que supe que realmente podría encontrarmela. Qué curioso, cuando sabía que no podía encontrarla, nunca la veía, pero cuando supe que estábamos en la misma ciudad y después de haber dejado de hablar después de aquella noche de sinceridad que terminó mal, me la encontraba todos los días, en el metro, en la calle, con mil caras y mil cuerpos distintos, ¡deseaba tanto verla! Hasta que eventualmente dejé de encontrarla y empecé a olvidarla.

Pero… ¡Allí esta! ¿Es realmente ella? Qué ingenuo era al creerla encontrar en gente que se parecían a ella… ahora podía ver que era única, que con quienes la comparaba no tenían el mínimo de belleza que ella irradiaba, ni su sonrisa, ni su mirada… ¿Cómo pude ser tan ciego? ¿Pero por qué hoy? ¿Por qué aquí? ¿Por qué ahora? Le veo su mano agarrada a otra que le acompaña, y empiezo a sentir un cosquilleo de rabia y celos y nervios y desesperación que a duras penas logro esconder. Y se mira feliz, su sonrisa lo dice todo… ¿Por qué ahora?

La veo y me quedo quieto como una estatua, en ese momento el mundo alrededor se hace abstracto y es su sonrisa lo único que puedo ver… el mundo se convierte nada más en un ambiente de fondo que tiene poquísima importancia con respecto a su imagen… la veo y no puedo dejar de hacerlo. Justo en el momento en el que empieza a voltearse en mi dirección volteo la mirada… ¿Por qué lo hago? ¿Es que no quiero que me vea? … no, ¡no quiero que me vea! ¡no quiero que me vea con ella, no quiero verla con él!… empiezo a temblar y empieza a notarse en mi mano, quien la sujeta lo nota y me pregunta si estoy bien… ¿Que si estoy bien? ¿Cómo puedo estar bien? ¡Claro que no estoy bien! estoy viendo a quien quería ver hace unos años, a quien tenía mil cosas que decirle, y ahora que la veo lo único que puedo hacer es voltear la mirada!

Seguimos caminando y estamos a punto de terminar de cruzar la plaza… ¡No puede ser! Esto no puede quedar así, cruzamos todo y empezamos a caminar en dirección a Huertas, ella va en dirección contraria hacia la calle del Príncipe… ¡no lo puedo dejar asi! Tanto tiempo sin saber de ella y ahora tengo la oportunidad de verla, de saludarla… ¡no puedo dejarlo así! Me paro, le pido que me espere unos minutos: debo ver algo… no, no me acompañes, sí sí, estoy bien… es solo que debo ver una cosa, dame un minuto, vete tú adelante que ahora llego… me despido con una sonrisa y le mando en el aire un beso como tantos que le he mandado antes.

Corriendo y con el corazón a mil por hora regreso a la plaza… ¿Qué estás haciendo? ¿Es que no has visto que ella iba en la otra dirección? ¡Ella no te vio! ¿o quizás si? Qué haces aqui? ¿Quieres revivir ese momento en el que no tuviste las agallas de verla a los ojos? Creo que no, creo que lo que quiero es revivir aunque sea un poco esta emoción masoquista de ver lo que no pudo ser… pero no, ¡ella debe estar aqui!

Empiezo a recorrer la plaza, camino de arriba a abajo, de esquina a esquina, quizás no me vió, ¿cómo pude haber sido tan tonto? ¿Por qué no la saludé? estoy seguro que se hubiera alegrado, ¿o no? no lo sé, pero ahora no lo puedo averiguar… ¿donde estás? ¿Por qué no estás? … camino, me agarro la cabeza, ya no puedo más! soy oficialmente el mas estúpido del mundo, la vida nos da ciertos instantes y no lo supe aprovechar. La cabeza me da vueltas, veo mil caras pero ninguna es la que quiero ver.

De repente nada tiene sentido, ella ya no está y debo seguir mi camino, como lo he hecho hasta hoy, debo regresar a ella, quien me espera, a la que quiero y me quiere, la que agarra mi mano. Es lo más inteligente…

Con lágrimas en los ojos, lágrimas de desesperación, bajo la cabeza y me resigno. Me limpio las lágrimas, respiro fuertemente, subo la mirada y… allí está… allí, enfrente mio, sola, como quien estuvo también buscándome, como quien pensó lo mismo… no me sorprende, ¿es que acaso no siempre pensábamos lo mismo? La veo, la veo y allí esta, con un poco de nostalgia en los ojos, su sonrisa perfecta, con su mirada de ojos tristes… me mira y se queda inmóvil.

Dejo escapar un suspiro, me buscó, nos buscamos.- Te estaba buscando, es que te ví hace unos minutos – y me regala una sonrisa de esas que tanto deseé tener de cerca. Tartamudeo, balbuceo… Te ví pero ibas con él … no sé, no me atreví, ya sabes, soy poco atrevido para este tipo de cosas… ¿que tal estás? Ella me mira con unos ojos repletos de dulzura, sabe que siempre logro sacar una conversación cuando no hay nada de qué hablar. Me responde por cortesía, pero con su mirada me dice mil cosas mas… ¿Que tal estás?, pregunta con cierto interés.- Bien, muy bien - miento… y pienso: Estoy bien, aunque no sabía que te extrañaba tanto hasta hoy. Voltea un poco tímida, creo que pudo leerlo en mis ojos. Su cara dibuja cierta tristeza: te pedí que no me dejaras de hablar… y esboza una sonrisa.

La verdad no pensé en encontrarte… no hoy, ni aqui, ni ahora… y esos 3 metros de espacio se hacen enormes. ¡Qué ganas de abrazarla! En mi mente lo único que pienso es en la ironía del destino, como si hubieramos estado en algún sucio e injusto juego del azar. ¡Qué tarde es para encontrarte, qué tarde es para abrazarte! ¡Qué tarde para huir, qué tarde para empezar! ¡Qué tarde para vernos, qué tarde! – ¡Qué gusto me da verte! y verte bien, me alegro mucho. ¡Por favor! – pienso para mí – ya no me regales
más esas sonrisas.

Creo que debo irme.-  me dice – Sí, yo también, me están esperando. Y los 3 metros se convierten en diez, en mil. Mientras pienso las palabras justas para despedirme, con una sonrisa me abre los brazos y la abrazo, disfruto aunque sea furtivo algo que nunca pudo ser y le agradezco en silencio por haberme hecho hecho sentir lo que sentí durante todo ese tiempo.

Por ese instante, esa parte de mí que en un pasado sufrió deseó que nos quedaramos así por mucho tiempo más, y en sus últimos momentos de vida disfrutó ese adiós que no había podido ser y que ahora se había cumplido. Nos separamos y sin decir una palabra caminamos, finalmente, en direcciones contrarias.

Categories: General Tags: